El brujo "Chejo" - Juan Díaz del Aguila

Juan Díaz del Aguila

Para la familia de don Isaías, establecidos en las alturas del Tapiche, no había ya aliciente ni perspectiva alguna; y los embargaba día a día la añoranza de su pueblo. 

Por entonces, y para colmo de males, la madre de aquella familia, fue víctima de una fuerte infección en el tobillo izquierdo. 

Los lavados con cocimientos de hierbas no dieron suficiente resultado. 

La dolencia iba diariamente en aumento, hasta hacerse insoportable para la paciente, quien ya no podía dormir con los dolores, obligando con su estado a perenne desvelo, y ocasionando a sus familiares serias preocupaciones ante la ausencia de un facultativo y la ignorancia de la índole del mal. 

Los vecinos que iban a visitar constantemente a la enferma, no cesaban de recomendar la intervención de un brujo, pues, en opinión de ellos, sólo un brujo podía curar el "daño" causado por otro, porque, sin la menor duda posible, se trataba de brujería.
Tanto pudo la influencia de los vecinos en el ánimo de la paciente, que ésta acabó por solicitar de su esposo el consentimiento para que fueran utilizados los servicios de un renombrado brujo de las cercanías.
Así se hizo presente en la casa, sembrando el pánico entre los muchachos, el hechicero Rosalío Pezo, quien, apenas examinó la llaga de la 'señora, afirmó ser daño causado por otro famoso hechicero de quien se relataban las más portentosas hazañas de brujería y cuyo misterioso poder corría parejo con el del diablo. 

Terminado el examen y formulada la inculpación, Rosalío se dirigió a don Isaías, con estas palabras: 

—Esta noche va a venir su "yachay" del "Chejo". Y tú vas a matarlo con tu escopeta, para que no yape daño a mama Antolina. Yo volver mañana para comenzar curación. 

Dicho lo cual se fue, dejando en la casa los más favorables comentarios, especialmente de los vecinos que lo habían llevado, sobre su seguridad, su conocimiento y su poder. 

¡Qué competencia se iba a establecer entre los dos brujos! 

A instancias de la señora, el jefe de casa ordenó al hijo mayor que vigilara el tambo por la parte externa y se aprestara a dar caza con su vieja escopeta, no obstante desdeñar supersticiones, al próximo visitante nocturno, el "yachay"? del "Chejo". 

Durante horas la expectación de la familia fue grande. ¿Llegaría o no llegaría el "yachay"? ¿A qué hora llegaría? ¿Cómo sería? ¿Podría ser muerto de un tiro de escopeta? 

Así llegó la medianoche. 

Reunidos todos en el cuarto de la enferma habían se ya casi olvidado lo de la visita del siniestro mensajero del "Chejo"; cuando de, pronto el rechinamiento de la puerta de la habitación los paralizó de terror. El hijo que hacía guardia asomaba la cabeza para avisar que había llegado el "yachay". 

Luego, entre el vértigo de espanto que los mareaba en la alta noche, alargándose en mil ecos que devolvía a la selva, estalló el disparo de la escopeta. 

Un instante después el padre aparecía en la habitación con el cadáver de un pequeño búho. 

Esa noche ya nadie pudo conciliar el sueño. Para calmar la nerviosidad general don Isaías ocupó su hamaca y tras colocar a cada lado de sí a sus dos menores hijos, que eran los más afectados por el miedo, ejecutó hasta la madrugada los más hermosos aires en su consertina, no interrumpiéndose sino para beber el ponche de mas ato que mandó preparar y del cual, claro está, participaron todos. 
 A partir del otro día, el brujo Rosalío puso en práctica el más extraño método curativo. 

Después de lavar con el cocimiento de diversas hierbas la llaga de la paciente, succionaba varias veces, en cada intervención, esta llaga, colocando entre ella y los labios un pedazo de tela blanca y limpia. A cada succión, seguía el espolvoreamento de la pequeña cantidad de licor, más bien proveniente del cocimiento, que el brujo había extraído de la llaga y con el que pretendía devolver por el aire el daño con todas sus consecuencias, a quien lo había originado. 

Cierta mañana, terminada la octava o novena curación, se escucharon próximos a la casa, grandes retos y amenazas, contra Rosalío por alguien que llegaba. 

Vivamente inmutado nuestro brujo, requirió su machete y fue, seguido del dueño de casa, al encuentro de su provocador. 

Afuera, un hombre del más raro aspecto; con chata cabeza, gran nariz de papagayo, respetables orejas, alto y flaquísimo cuello, y con los ojos enteramente rojos que parecían despedir llamas, se hallaba parado en actitud retadora, teniendo fuertemente cogido por el mango un machete puro filo. Este hombre era el "Chejo" en persona, el rey de los brujos del alto Tapiche, el hechicero que podía mantenerse sumergido en el río durante muchas horas. 

No bien ambos brujos quedaron frente a frente, el terrible "Chejo" se dirigió a Rosalío con estas o parecidas palabras: 

Hey sabido que quieres hacerme la contra. También mian dicho que quieres hacharme culpa del daño de mama Antolina. ¡Acércate para que me conozcas! 

De pronto se escuchó un enérgico grito lanzado por don Isaías, que inmovilizó a los dos hombres en el preciso instante en que, sin mayores razones que las aducidas por el tuerto, se disponían a acometerse machete en mano. 

Eh, —dijo el dueño de casa, dirigiéndose a Rosalío— ¿Quién es ese hombre? ¿Qué quiere coqtigo? ¡Apártense y sosiéguense o les cae a ambos! ¡Obedezcan y suelten los machetes! Y si no es suficiente para convencerlos este "torcido" de vaca-marina, ¡ahí está la carabina de mi hijo! 

En efecto, a pocos pasos del grupo, carabina en mano, se hallaba el hijo mayor pronto a dar muestras de su enorme destreza en el tiro si acaso advertía la menor sombra de peligro para su padre: 

Poco a poco se fue aplacando la cólera de ambos hombres, quienes, al cabo, acompañados del jefe de la familia se presentaron ante la enferma, en cuya presencia el brujo "Chejo" afirmó no ser él el causante del daño. 

Un instante después, ambos brujos, momentáneamente reconciliados, bebían el mas ato que mandó convidarles la dueña de casa. 

Días más tarde de esta escena, como la dolencia de doña Antolina, tras breve alivio, cobrara mayor gravedad, se trasladó la familia nuevamente a Iquitos.

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