06/12/09

Warma kuyay - Amor de niño (Texto completo)

Noche de luna en la quebrada de Viseca.

Pobre palomita por dónde has venido,
buscando la arena por Dios, por los suelos.


—¡Justina! ¡Ay, Justinita!

En un terso lago canta la gaviota,
memorias me deja de gratos recuerdos.


—¡Justinay, te pareces a las torcazas de Sausiyok!

—¡Déjame, niño, anda donde tus señoritas!

—¿Y el Kutu? ¡Al Kutu le quieres, su cara de sapo te gusta!

—¡Déjame, niño Ernesto! Feo, pero soy buen laceador de vaquillas y hago temblar a los novillos de cada zurriago. Por eso Justina me quiere.

La cholita se rió, mirando al Kutu; sus ojos chispeaban como dos luceros.

—¡Ay, Justinacha!

—¡Sonso, niño, sonso! —habló Gregoria, la cocinera.

Celedonia, Pedrucha, Manuela, Anitacha... soltaron la risa; gritaron a carcajadas.

—¡Sonso, niño!

Se agarraron de las manos y empezaron a bailar en ronda, con la musiquita de Julio, el charanguero. Se volteaban a ratos, para mirarme, y reían. Yo me quedé* fuera del círculo, avergonzado, vencido para siempre.

Me fui hacia el molino viejo; el blanqueo de la pared parecía moverse, como las nubes que correteaban en las laderas del Chawala. Los eucaliptos de la huerta sonaban con ruido largo e intenso; sus sombras se tendían hasta el otro lado del río. Llegué al pie del molino, subí a la pared más alta y miré desde allí la cabeza del Chawala: el cerro, medio negro, recto, amenazaba caerse sobre los alfalfares de la hacienda. Daba miedo por las noches; los indios nunca lo miraban a esas horas y en las noches claras conversaban siempre dando las espaldas al cerro.

-¡Si te cayeras de pecho, tayta Chawala, nos moriríamos todos!

En medio del witron (1)*, Justina empezó otro canto:


Flor de mayo, flor de mayo,
flor de mayo primavera,
por qué no te libertaste
de esa tu falsa prisionera.


Los cholos se habían parado en círculo y Justina cantaba al medio. En el patio inmenso, inmóviles sobre el empedrado los indios se veían como estacas de tender cueros.

—Ese puntito negro que está al medio es Justina. Y yo la quiero, mi corazón tiembla cuando ella se ríe, llora cuando sus ojos miran al Kutu. ¿Por qué pues me muero por ese puntito negro?

Los indios volvieron a zapatear en ronda. El charanguero daba vueltas alrededor del círculo, dando ánimos, gritando como potro enamorado. Una paca-paca empezó a silbar desde un sauce que cabeceaba a la orilla del río; la voz del pájaro maldecido daba miedo. El charanguero corrió hasta el cerco del patio y lanzó pedradas al sauce; todos los cholos le siguieron. Al poco rato el pájaro voló y fue a posarse sobre los duraznales de la huerta; los cholos iban a perseguirle, pero don Froylán apareció en la puerta del witron.

—¡Largo! ¡A dormir!

Los cholos se fueron en tropa hacia la tranca del corral; el Kutu se quedó solo en el patio.

—¡A ése le quiere!

Los indios de don Froylán se perdieron en la puerta del caserío de la hacienda, y don Froylán entró al patio tras ellos.

—¡Niño Ernesto! —llamó el Kutu.

Me bajé al suelo de un salto y corrí hacia él.

—Vamos, niño.

Subimos al callejón por el lavadero de metal que iba desmoronándose en un ángulo del witron; sobre el lavadero había un tubo inmenso de fierro y varias ruedas enmohecidas, que fueron de las minas del padre de don Froylán.

Kutu no habló nada hasta llegar a la casa de arriba.

La hacienda era de don Froylán y de mi tío; tenia dos casas. Kutu y yo estábamos solos en el caserío de arriba; mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas y dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda.

Subimos las gradas, sin mirarnos siquiera; entramos al corredor, y teníamos allí nuestras camas para dormir alumbrados por la luna. El Kutu se echó callado; estaba triste y molesto. Yo me senté al lado del cholo.

—¡Kutu! ¿Te ha despachado Justina?

—¡Don Froylán la ha abusado, niño Ernesto!

—¡Mentira, Kutu, mentira!

—¡Ayer no más la ha forzado; en la toma de agua, cuando fue a bañarse con los niños!

—¡Mentira, Kutullay, mentira!

Me abracé al cuello del cholo. Sentí miedo; mi corazón parecía rajarse, me golpeaba. Empecé a llorar, como si hubiera estado solo, abandonado en esa gran quebrada oscura.

—¡Déjate, niño! Yo, pues, soy “endio”, no puedo con el patrón. Otra vez, cuando seas “abugau”, vas a fregar a don Froylán.

Me levantó como a un becerro tierno y me echó sobre mi catre.

—¡Duérmete, niño! Ahora le voy a hablar a Justina para que te quiera. Te vas a dormir otro día con ella ¿quieres, niño? ¿Acaso? Justina tiene corazón para ti, pero eres muchacho todavía, tiene miedo porque eres niño.

Me arrodillé sobre la cama, miré al Chawala que parecía terrible y fúnebre en el silencio de la noche.

—¡Kutu, cuando sea grande voy a matar a don Froylán!

—¡Eso sí, niño Ernesto! ¡Eso sí! ¡Mak tasu!

La voz gruesa del cholo sonó en el corredor como el maullido del león que entra en el caserío en busca de chanchos. Kutu se paró; estaba alegre, como si hubiera tumbado al puma ladrón.

—Mañana llega el patrón. Mejor esta noche vamos a Justina. El patrón seguro te hace dormir en su cuarto. Que se entre la luna para ir.

Su alegría me dio rabia.

—¿Y por qué no matas a don Froylán? Mátale con tu honda, Kutu, desde el frente del río, como si fuera puma ladrón.

—¡Sus hijitos, niño! ¡Son nueve! Pero cuado seas “abugau” ya estarán grandes.

—¡Mentira, Kutu, mentira! ¡Tienes miedo, como mujer!

—No sabes nada, niño. ¿Acaso no he visto? Tienes pena de los becerritos, pero a los hombres no los quieres.

—¡Don Froylán! ¡Es malo! Los que tienen haciendas son malos; hacen llorar a los indios como tú; se llevan las vaquitas de los otros, o las matan de hambre en su corral. ¡Kutu, don Froylán es peor que toro bravo! Mátale no más, Kutucha, aunque sea con galga, en el barranco de Capitana.

—¡”Endio” no puede, niño! ¡”Endio” no puede!

¡Era cobarde! Tumbaba a los padrillos cerriles, hacía temblar a los potros, rajaba a látigos el lomo de los aradores, hondeaba desde lejos a las vaquitas de los otros cholos cuando entraban a los potreros de mi tío, pero era cobarde. ¡Indio perdido!

Le miré de cerca: su nariz aplastada, sus ojos casi oblicuos, sus labios delgados, ennegrecidos por la coca. ¡A éste le quiere! Y ella era bonita: su cara rosada estaba siempre limpia, sus ojos negros quemaban; no era como las otras cholas, sus pestañas eran largas, su boca llamaba al amor y no me dejaba dormir. A los catorce años yo la quería; sus pechos parecían limones grandes, y me desesperaban. Pero ella era de Kutu, desde tiempo; de este cholo con cara de sapo. Pensaba en eso y mi pena se parecía mucho a la muerte. ¿Y ahora? Don Froylán la había forzado.

—¡Mentira, Kutu! ¡Ella misma, seguro, ella misma!

Un chorro de lágrimas salió de mis ojos. Otra vez el corazón me sacudía, como si tuviera más fuerza que todo mi cuerpo.

—¡Kutu! Mejor la mataremos los dos a ella ¿quieres?

El indio se asustó. Me agarró la frente: estaba húmeda de sudor.

—¡Verdad! Así quieren los mistis.

—¡Llévame donde Justina, Kutu! Eres mujer, no sirves para ella. ¡Déjala!

—Como no, niño, para ti voy a dejar, para ti solito. Mira, en Waylara se está apagando la luna.

Los cerros ennegrecieron rápidamente, las estrellitas saltaron de todas partes del cielo; el viento silbaba en la oscuridad, golpeándose sobre los duraznales y eucaliptos de la huerta; más abajo, en el fondo de la quebrada, el río grande cantaba con su voz áspera.

Despreciaba al Kutu; sus ojos amarillos, chiquitos, cobardes, me hacían temblar de rabia.

—¡Indio, muérete mejor, o lárgate a Nasca! ¡Allí te acabará la terciana, te enterrarán como a perro! —le decía.

Pero el novillero se agachaba no más, humilde, y se iba al Wiltron, a los alfalfales, a la huerta de los becerros, y se vengaba en el cuerpo de los animales de don Froylán. Al principio yo le acompañaba. En las noches entrábamos, ocultándonos, al corral; escogíamos los becerros más finos, los más delicados; Kutu se escupía en las manos, empuñaba duro el zurriago, y les rajaba el lomo a los torillitos. Uno, dos, tres... cien zurriagazos; las crías se torcían en el suelo, se tumbaban de espalda, lloraban; Y el indio seguía, encorvado, feroz. ¿Y yo? Me sentaba en un rincón y gozaba. Yo gozaba.

—¡De don Froylán es, no importa! ¡Es de mi enemigo!

Hablaba en voz alta para engañarme, para tapar el dolor que encogía mis labios e inundaba mi corazón.

Pero ya en la cama, a solas, una pena negra, invencible, se apoderaba de mi alma y lloraba dos, tres horas. Hasta que una noche mi corazón se hizo grande, se hinchó. El llorar no bastaba; me vencían la desesperación y el arrepentimiento. Salté de la cama, descalzo, corrí hasta la puerta; despacio abrí el cerrojo y pasé al corredor. La luna ya había salido; su luz blanca bañaba la quebrada; los árboles, rectos, silenciosos, estiraban sus brazos al cielo. De dos saltos bajé al corredor y atravesé corriendo el callejón empedrado, salté la pared y llegué junto a los becerritos. Ahí estaba Zarinacha, la víctima de esa noche; echadita sobre la bosta seca, con el hocico en el suelo; parecía desmayada. Me abracé a su cuello; la besé mil veces en su boca con olor a leche fresca, en sus ojos negros y grandes.

—¡Niñacha, perdóname! ¡Perdóname, mamaya!

Junté mis manos y, de rodillas me humillé ante ella.

—Ese perdido ha sido, hermanita, yo no. ¡Ese Kutu canalla, indio perro!

La sal de las lágrimas siguió amargándome por largo rato. Zarinacha me miraba seria, con su mirada humilde, dulce.

—¡Yo te quiero, niñacha, yo te quiero!

Y una ternura sin igual, pura, dulce, como la luz en esa quebrada madre, alumbró mi vida.

***

A la mañana siguiente encontré al indio en el alfalfar de Capitana. El cielo estaba limpio y alegre, los campos verdes, llenos de frescura. El Kutu ya se iba, tempranito, a buscar “daños” en los potreros de mi tío, para ensañarse con ellos.

—Kutu, vete de aquí —le dije—. En Viseca ya no sirves. ¡Los comuneros ríen de ti, porque eres maula!

Sus ojos opacos me miraron con cierto miedo.

—¡Asesino también eres, Kutu! Un becerrito es como criatura. ¡Ya en Viseca no sirves, indio!

—¿Yo no más, acaso? Tú también. Pero mírale al tayta Chawala: diez días más atrás me voy a ir.

Resentido, penoso como nunca, se largó a galope en el bayo de mi tío.

Dos semanas después, Kutu pidió licencia y se fue. Mi tía lloró por él, como si hubiera perdido a su hijo.

Kutu tenía sangre de mujer: le temblaba a don Froylán, casi a todos los hombres les temía. Le quitaron su mujer y se fue a ocultar después en los pueblos del interior, mezclándose con las comunidades de Sandondo, Chacralla... ¡Era cobarde!

Yo solo me quedé junto a don Froylán, pero cerca de Justina, de mi Justinacha ingrata. Y no fui desgraciado. A la orilla de ese río espumoso, oyendo el canto de las torcazas y de las tuyas, yo vivía sin esperanzas; pero ella estaba bajo el mismo cielo que yo, en esa misma quebrada que fue mi nido. Contemplando sus ojos negros, oyendo su risa, mirándola desde lejos, era casi feliz, porque mi amor por Justina fue un “warma kuyay" y no creía tener derecho todavía sobre ella; sabía que tendría que ser de otro, de un hombre grande, que manejara ya zurriago, que echara ojos roncos y peleara a látigos en los carnavales Y como amaba a los animales, las fiestas indias, las cosechas, las siembras con música y jarawi, viví alegre en esa quebrada verde y llena de calor amoroso de sol. HaSta que un día me arrancaron de mi querencia, para traerme a este bullicio, donde gentes que no quiero, que no comprendo.

***

El Kutu en un extremo y yo en otro. Quizá habrá olvidado: está en su elemento; en un pueblecito tranquilo, aunque maula, será mejor novillero, el mejor amansador de potrancas, y le respetarán los comuneros. Mientras yo, aquí, vivo amargado y pálido, como un animal en los llanos fríos, llevado a la orilla del mar, sobre los arenales candentes y extraños.

FIN
(José María Arguedas)

(1) Patio grande (WK, 1933). .
El witron estaba recubierto de lajas y era destinado originalmente al acopio de material para extraer metales. Esta palabra deriva, sin duda, de la española buitrón (nc)


FICHA ESCRITA

Recomendaciones:

 Trata de que tus respuestas sean lo más claras posibles. Responder "sí" o "no" debe estar acompañado de frases que expliquen o aclaren tu respuesta.
 No te preocupes por la ortografía, la redacción o tu vocabulario.
 Puedes escribir en cada respuesta la cantidad de palabras, ejemplos y explicaciones que consideres necesarios; no hay ninguna limitación.

WARMA KUYAY Y MI REALIDAD

1. ¿Qué emociones despertó en ti la lectura del cuento? Puedes señalar más de una.
A. Alegría ( ) F. Arrepentimiento ( ) K. Ninguna ( )
B. Pena ( ) G. Rechazo ( ) L. Verguenza ( )
C. Rabia ( ) H. Asco ( ) M. Indiferencia
D. Indignación ( ) I. Preocupación ( ) N. Otra _____________________
E. Satisfacción ( ) J. Orgullo ( ) O. Ninguna

2. Explica por qué.

3. ¿Qué personaje te resultó más simpático? ¿Por qué?

4. ¿Te identificas con él? ¿Por qué?

5. Si en la respuesta anterior respondiste que no, ¿a qué otro personaje te sientes más cercano? ¿Por qué?

6. Describe las sensaciones y reacciones de los personajes ante los sucesos ocurridos en el cuento.

7. ¿Crees que la historia sigue presentándose de alguna forma en el mundo que te rodea? (familia, barrio, colegio, comunidad, país, etc.) ¿Por qué? Explica tu respuesta con uno o más ejemplos.

8. ¿Alguna vez has vivido una experiencia similar? Describe los acontecimientos.

9. Si tu respuesta anterior fue negativa, ¿Alguna vez alguien que tú realmente conozcas la ha vivido? ¿Fuiste testigo o te la contaron? Describe los acontecimientos.

10. ¿Cómo te afectó esa experiencia?

11. ¿Cuál fue tu reacción ante la situación? Si te encontrases de nuevo en una situación parecida, ¿qué harías?

12. ¿Alguna vez dejarán de ocurrir historias como ésta? ¿Por qué?

13. ¿A quién le recomendarías que leyera el cuento? ¿Por qué?

14. Haz un dibujo inspirado en tu lectura, en el que te incluyas.

Más preguntas para un examen

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26/09/09

Tradiciones Peruanas

Las Tradiciones Peruanas son la obra conjunta de los escritos que Ricardo Palma escribió en varios años, publicadas desde 1863 en periódicos y revistas. Son relatos cortos de ficción histórica que narran de forma entretenida y con el lenguaje propio de la época, sucesos basados en hechos históricos de mayor o menos importancia, propios de la vida de las diferentes etapas que pasó la historia del Perú, sea leyenda como explicando costumbres existentes. Su valor como fuente histórica es limitado y no confiable. Su valor literario es grande.



INDICE

Los duendes del Cuzco
Los polvos de la condesa
El justicia mayor de Laycacota
Racimo de horca
Amor de madre
Lucas el sacrílego
Rudamente, pulidamente, mañosamente
El resucitado
El corregidor de Tinta
La gatita de Mari-Ramos que halaga con la cola y araña con las manos
¡A la cárcel todo Cristo!
Nadie se muere hasta que Dios quiere
El fraile y la monja del Callao
Por beber una copa de oro
Una excomunión famosa
Aceituna, una
Oficiosidad no agradecida
El alma de fray Venancio
La trenza de sus cabellos
De asta y rejón
Los argumentos del corregidor
La niña del antojo
La llorona del Viernes Santo
¡A nadar, peces!
Conversión de un libertino
El Rey del Monte
Tres cuestiones históricas sobre Pizarro

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Alineación al centro
Si deseas más

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11/07/09

El retoño de Julian Huanay

El retoño de Julián Huanay es la novela del pueblo, en especial del pueblo de origen serrano. Al leer esta excelente novela se comprende perfectamente el porqué la oligarquía nacional, vía el estado, lo ha ignorado: revela el carácter explotador del capitalismo.

Sin embargo, es tarea de todo maestro, en especial de los de lengua y literatura, recomendar su lectura.

25/04/09

Examen de la obra Ollantay

Amigos que siguen este blog, previas disculpas por el abandono en que lo tengo, publico este examen que elaboré y apliqué no hace mucho. Espero les sirva. Más abajo lo pueden encontrar en formato .doc

PLAN LECTOR: OLLANTAY

MES: MARZO CUARTO GRADO DE SEC.

APELLIDOS Y NOMBRES:_______________________________________________

I. RELACIONA AMBAS COLUMNAS:

1.- Túpac Yupanqui
2.- Ollantay
3.- Ima Súmac
4.- Cusi Coyllur
5.- Mama Cacca
6.- Huillca Huma
7.- Rumi Ñahui
8.-Orcco Huaranca
9.-.Pitu Salla
10.- Ancco Huallu
11.- Piqui Chaqui.
12.- Coya
13.- Pachacútec
14.- Anónimo ( ) Mejor amigo de Ollantay.
( ) Sumo sacerdote
( ) Autor de la obra
( ) El rey
( ) La hija del rey
( ) La nieta del rey
( ) Nodriza, nana de la hija de Ollantay.
( ) Carcelera.
( ) General, amigo de Ollantay.
( ) Engaña y captura a Ollantay
( ) Padre de Ima Súmac
( ) Esposa del Rey.
( ) Hermano de Cusi Coyllur
( ) Anciano, amigo de Ollantay.

II. MARCA LA RESPUESTA CORRECTA:

1.-Ollantay compara a Cusi Coyllur con…

a) brillante flor b) dulce miel c) estrella fugaz d) dulce vino

2.- Es agorero y vaticina el infortunio:

a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac

3.- Vestía de negro y tenía un cuchillo en la mano.

a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac

4.- Adivina, que Ollantay está enamorado de cusi Coyllur.

a) Huillca Uma b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Huayna Cápac

5.- Se había dormido y soñó con una llama.

a) Cusi Coyllur b) Piqui Chaqui c) Pachacútec d) Ima Sumac

6.- General de los antis:

a) Orcco Huaranca b) Ollantay c) Rumi Ñahui d) Huayna Cápac

7.- Uno de estos lugares aparece en la lectura:
a) Sacsahuaman b) Machupicchu c) Pisac d) Baños de Cajamarca

8.- Cusi Coyllur ha sido encerrada y encadenada en…

a) Acllahuasi b) Chullpa c) Huasi d) Sacsahuaman

9.- Pachacutec ordena a ____________ que atrape a Ollantay.

a) Huillca Uma b) Rumi Ñahui c) Pachacútec d) Huayna Cápac

10.- Ollantay nació en…

a) Contisuyo b) Antisuyo c) Collasuyo d) Chinchaisuyo

11.- Finge y traiciona a Ollantay.

a) Huillca Uma b) Rumi Ñahui c) Orcco Huaranca d) Huayna Cápac

12.- No quiere quitarse la ropa vieja.

a) Coya b) Mama Cacca c) Ima Suma d) Huayna Cápac

13.- Revela a Ima Sumac el secreto de su nacimiento:

a) Pitu Salla b) Cusi Coyllur c) Piqui Chaqui d) Mamma Cacca

14.- Ima Sumac tiene aproximadamente ____ años.

a) 4 b) 10 c) 15 d) 18

15.- Perdona a Ollantay y Cusi Coyllur.

a) Coya b) Mama Cacca c) Ima Suma d) Huayna Cápac

16.- Desafía al mismo diablo:

a) Pachacútec b) Ollantay c) Huiracocha d) Piqui Chaqui


“QUIEN LEE MÁS, SABE MÁS”

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30/12/08

Paco Yunque completo

Este es el cuento de Cesar Vallejo titulado Paco Yunque, que muestra la distinción de clases sociales en la escuela peruana.


zapatos de cuero




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Drama Ollantay completo

Después de mucho tiempo, me reencuentro con mis amigos que visitan este blog. Des deya, un feliz año nuevo 2009. Y disculpen por el abandono en que los tuve. Me pondré al día. GRACIAS.





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22/08/08

Los ratones de fray Martín

LOS RATONES DE FRAY MARTÍN

Ricardo Palma

Y comieron en un plato
perro, pericote y gato.

Con este pareado termina una relación de virtudes y milagros que en hoja impresa circuló en Lima, allá por los años de 1840, con motivo de celebrarse en nuestra culta y religiosa capital las solemnes fiestas de beatificación de fray Martín de Porres.

Nació este santo varón en Lima el 9 de diciembre de 1579, y fue hijo natural del español don Juan de Porres, caballero de Alcántara, en una esclava panameña. Muy niño Martincito, llevóle su padre a guayaquil, donde en una escuela, aprendió a leer y escribir. Dos o tres años más tarde su padre regresó con él a Lima y púsolo a aprender el socorrido oficio de barbero y sangrador, en la tienda de un rapista de la calle de Malambo.

Mal se avino Martín con la navaja y la lanceta, si bien salió diestro en su manejo, y optando por la carrera de santo, que en esos tiempos era una profesión como otra cualquiera, vistió a los veintiún años de edad, el hábito de lego o donado en el convento de Santo Domingo, donde murió el 3 de noviembre de 1639 en olor de santidad.

Nuestro paisano Martín de Porres, en vida y después de muerto, hizo milagros por mayor. Hacia milagros con la facilidad con que otros hacen versos. Uno de sus biógrafos (no recuerdo si es el padre Manrique o el médico Valdés) dice que el prior de los dominicos tuvo que prohibirle que siguiera milagreando (dispénsenme el verbo). Y para probar cuán arraigado estaba en el siervo de Dios el espíritu de obediencia, refiere que en momento de pasar fray Martín frente a un andamio, cayóse un albañil desde ocho o diez varas de altura, y que nuestro lego lo detuvo a medio camino gritando: ¡Espere un rato, hermanito! Y el albañil se mantuvo en el aire hasta que regresó fray Martín con la superior licencia.

¿Buenazo el milagrito, eh? Pues donde hay bueno hay mejor.

Ordenó el prior al portentoso donado que comprase, para consumo de la enfermería, un pan de azúcar. Quizá no le dio el dinero preciso para proveerse de la blanca y refinada, y presentósele fray Martín trayendo un pan de azúcar mascabada.

-¿No tiene ojos, hermano? -díjole el superior-o ¿No ha visto que por lo prieta más parece chancaca que azúcar?

- No se incomode su paternidad -contestó con cachaza el enfermero-. Con lavar ahora mismo el pan de azúcar se remedia todo.

Y sin dar tiempo a que el prior le arguyese, metió en el agua de la pila el pan de azúcar, sacándolo blanco y seco.

¡Ea! no me haga reír, que tengo partido un labio.

Crecer o reventar. Pero conste que yo no le pongo puñal al pecho para que crea. La libertad ha de ser libre, como dijo un periodista de mi tierra. Y aquí noto que, habiéndome propuesto sólo hablar de los ratones sujetos a la jurisdicción de Fray Martín, el santo se me estaba yendo al cielo. Punto con el introito y al grano, digo, a los ratones.

Fray Martín de Forres tuvo especial predilección por los pericotes, incómodos huéspedes que nos vinieron casi junto con la conquista, pues hasta el año de 1552 no fueron esos animalejos conocidos en el Perú. Llegaron de España en uno de los buques que, con cargamento de bacalao, envió a nuestros puertos un don Gutierre, obispo de Falencia. Nuestros indios bautizaron a los ratones con el nombre de hucuchas, esto es, salidos del mar.

En los tiempos barberiles de Martín, un pericote era todavía casi una curiosidad, pues, relativamente, la familia ratonesca principiaba a multiplicar. Quizá desde entonces encariñóse por los roedores, y viendo en ellos una obra del Señor es de presumir que diría, estableciendo comparación entre su persona y la "de esos chiquitines, seres, lo que dijo un poeta:

El mismo tiempo malgastó en mí Dios
que en hacer un ratón, o a lo más, dos.

Cuando ya nuestro lego desempeñaba en el convento las funciones de enfermero, los ratones campaban, como moros sin señor en celdas, cocinas y refectorio. Los gatos, que se conocieron en el Perú desde 1537, andaban escasos en la ciudad. Comprobada noticia histórica es la de que los primeros gatos fueron traídos por Montenegro, soldado español, quien vendió uno en el Cuzco y en dos cientos pesos a don Diego de Almagro el Viejo.

Aburridos los frailes con la invasión de roedores inventaron diversas trampas para cazarlos, lo que rarísima vez lograban. Fray Martín puso también en la enfermería una ratonera, y un ratonzuelo bisoño, atraído por el tufillo del queso, se dejó atrapar en ella. Libertólo el lego, y colocándolo en la palma de la mano, le dijo:

- Váyase, hermanito, y diga a sus compañeros que no sean molestos ni nocivos en las celdas; que se vayan a vivir en la huerta, y que yo cuidaré de llevarles alimento cada día.

El embajador cumplió con la embajada, y desde ese momento la ratonil .muchitanga abandonó el claustro y se trasladó a la huerta. Por supuesto que fray Martín los visitó todas las mañanas llevando un cesto de desperdicios o provisiones, y que los pericotes acudían como llamados con campanilla.

Mantenía en su celda nuestro buen lego un perro y un gato, y había logrado que ambos animales viviesen en fraternal concordia. Y tanto, que comían juntos en la misma escudilla o plato.

Mirábalos una tarde comer en sana paz, cuando de pronto el perro gruñó y encrespó se el gato. Era que un ratón, atraído por el olorcillo de la vianda, había osado asomar el hocico fuera de su agujero. Descubriólo fray Martín, y volviéndose hacia el perro y gato, les dijo:

- Cálmense, criaturas del Señor, cálmense. Acercóse en seguida al agujero del muro y dijo:

- Salga sin cuidado, hermano pericote. Paréceme que tiene necesidad de comer: apropíncuese, que no le harán daño.

Y dirigiéndose a los otros dos animales añadió:

- Vaya, hijos, denle siempre un lugarcito al convidado, que Dios da para los tres. Y el ratón, sin hacerse rogar, aceptó el convite, y desde ese día comió en amor y compañía con perro y gato.

Tradiciones peruanas

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